Mañana del último domingo de 2014, en pleno siglo del futuro. El siglo de la consolidación de los avances anunciados por autores de ficción, por científicos, sociólogos e historiadores durante todo el siglo XX.
El cambio de milenio, que no acordamos en su momento cuando algunos lo celebraron por partida doble ante el desacuerdo numérico del año 1 o año 0, trajo consigo el final de una era un año después. Inicio de la nueva etapa histórica marcado por la irrupción del terrorismo a gran escala en el propio corazón del poder.
«Navego» en las apps de mi AppleTV y entro en Vimeo. Entre la gran cantidad de opciones de video publicados por todo tipo de productores, tanto establecidos como indie, de animación, naturaleza, cortometrajes, anime, etc, encuentro el tema recurrente de la huella humana que marca el mundo. La premisa constante es la criminal humanidad que destruye el planeta.
La propuesta persistente es:
1. Debemos sentirnos culpables por residir en la tierra
2. Somos unos criminales inconscientes que solo existimos para destruir
3. No tenemos consciencia ecologista
4. El mundo estaría mejor sin la humanidad
5. El reino animal – sin los humanos, por supuesto – y el vegetal son los verdaderos merecedores de la madre tierra
6. Lo que merecemos los humanos es una catástrofe, un cataclismo que nos haga desaparecer en castigo por nuestra soberbia
Así podría seguir enumerando defectos, delitos, crímenes, y causas probables contra la humanidad.

El mundo ha sido sometido a cataclismos, destrucciones, desastres y aniquilaciones de especies enteras sin la intervención humana en absoluto.
Cambios climáticos, eras glaciales, deshielos, inversión de los polos y campos magnéticos, impacto de meteoritos, etc., han ocurrido desde el Big Bang, que en sí fue una catástrofe, y seguirán ocurriendo.
En alguna parte leí que el propio Benjamín Franklin fue acusado de provocar el cambio climático en su tiempo por los experimentos que realizaba. También se ha afirmado que el ganado vacuno era responsable de una proporción significativa de los gases de efecto invernadero.

Existe gran hipocresía entre los promotores de la idea de la «humanidad criminal» similar a la de aquellos que fanáticamente proponían un dios destructor y punitivo.
Por supuesto, el impacto de la extensión de la esperanza de vida y el fortalecimiento de la especie humana gracias a los avances médico, físicos, químicos o sociales, constituyen temas filosóficos, historiográficos, sociológicos o demográficos. Pero, ¿qué hacemos? ¿Nos quedamos sin las comodidades, con las enfermedades, con los desastres naturales, sin las artes, sin las ciencias, en fin, sin la naturaleza humana?
Quizás el problema no sea la humanidad, sino la dificultad de mirarnos sin el espejo que nosotros mismos construimos.