No, no voy a hablar de Pulse, The Pitt o ER.
Aún antes de la existencia de la televisión, tal como la conocemos. Antes incluso de la creación de ese medio, de los prototipos de generación y transmisión de imágenes estáticas y dinámicas a distancia, ya el cine introdujo la creación de obras en formato de episodios.
En los siglos XVIII y XIX las editoriales usaban el recurso de dividir una obra en entregas periódicas, o contrataban escritores que proveían de contenido a sus publicaciones en ese formato.
Apareció el cine con su escalada vertiginosa y su posicionamiento en los primeros lugares del entretenimiento. Una vez consolidada, la industria aplicó un formato parecido. Establecer episodios con los mismos personajes, en lanzamientos esperados con ansia por los espectadores.
La fórmula fue más simple con la llegada de la televisión. Los televidentes podían programar sus sesiones de televisión, sabiendo que tal día a tal hora verían un nuevo episodio en directo o previamente grabado.
Si tenemos una producción de cosas, episodios, eventos, etc. tendremos una serie. El asunto es que tengan una relación entre sí, como sería el momento de la producción, las características particulares, la aparición en secuencia o consecutiva.
Uno de los biomarcadores más importantes en medicina, especialmente en medicina de urgencias y medicina crítica, es la troponina. Ha tenido un desarrollo preponderante, tanto en el aspecto de su bioquímica como en la aplicación clínica.
La determinación de la troponina en sus variantes puede establecer o descartar la presencia de daño miocárdico directo o indirecto. Sus resultados son interpretables como todos los biomarcadores en medicina, en función del contexto y momento de determinación analítica.
No pretendo predicar aquí sobre las indicaciones y utilidad real de tal prueba. Seguramente habrá otras fuentes donde buscar este asunto. Mi intención es comentar algunos detalles acerca del momento, uso y nomenclatura que ha surgido.
Un buen médico de urgencias o emergencias, un médico que atiende pacientes agudos en el área médica – excluyo a los quirúrgicos, aunque no debería – tendría que tener conocimiento de protocolos propios de su hospital o práctica, y de los protocolos y guías clínicas de uso general. También tendría que conocer una o varias escalas, scores, esquemas de decisión, tablas de riesgo, aplicables a un paciente o grupo de pacientes en determinadas situaciones.
Las tablas, scores, algoritmos, escalas de riesgo, han sido creados para asistir en la toma de decisiones ante un evento clínico. Algunas de estas ayudas pueden ser cuestionadas, cosa de la que podemos hablar y hemos comentado en otro sitio. Es un tema que puede discutirse, pero al menos, esas herramientas están validadas de la manera más plausible a la fecha y a los recursos disponibles.
En el caso del dolor torácico hay múltiples herramientas de decisión, desarrolladas por diversos grupos, disponibles de manera gratuita en diversas webs y publicaciones, tanto particulares como en páginas oficiales de sociedades y organizaciones profesionales.
A veces encontramos algún paciente con una secuencia de hasta 5 o 6 determinaciones consecutivas de troponina. Otras veces solicitamos una troponina de manera automática al marcar las pruebas iniciales, aunque el paciente no muestre ni clínica ni electrocardiografía propia de la isquemia cardíaca.
Tenemos pacientes con dolor torácico de días de evolución sin elevación de troponina ni cinética variable del nivel de troponina, con niveles estrictamente normales.
Para los confundidos en este momento. Empiezo con las novelas por entregas, sigo con las series de televisión y ahora hablo de troponina. Voy a aclarar este aparente exabrupto. Desde hace unos 3 o 4 años he notado la utilización en la jerga de médicos, en publicaciones y en eventos científicos de cierta envergadura, de la palabra “seriación” para referirse a esa petición consecutiva de troponina para evaluar al paciente con dolor torácico sospechoso. Palabra innecesaria, cantinflérica – siempre me recuerda el “importancioso” de Cantinflas -, que sustituye a las perfectamente apropiadas serie o secuencia. No sé si “seriación” está aceptada en los diccionarios, ni me importa. Tampoco hace falta ante la existencia de las palabras serie, secuencia, determinación periódica, o consecutiva.
Habría que, en todo caso, establecer cuántas determinaciones debería tener esa serie o secuencia de troponina para tomar las decisiones que haya que tomar. En alguna ocasión, en un paciente ya en hospitalización por un evento coronario agudo, un infarto miocárdico agudo ya estabilizado y sin nuevos eventos, sin evidencia clínica de recidiva, con un nivel de troponina I franca y definitivamente elevado de significado diagnóstico, un facultativo ha preguntado porqué no se siguió haciendo determinación de troponina ¿Para qué? ¿Cambiará el manejo si la troponina sube más? ¿Conoce realmente la cinética de la troponina?
Sabemos que hay varios protocolos y guías que basan la decisión diagnóstica ante un dolor torácico, tanto en el nivel inicial como en la variación mínima (puntos de corte) entre dos determinaciones de troponina. Además, una de las ventajas de las nuevas troponinas, la I ultrasensible y la T ultrasensible, es que su elevación es precoz, lo que permite establecer un momento de decisión más rápido con la consecuente salvaguarda de mayor tejido miocárdico y del propio órgano.
Aunque es una inferencia intuitiva creer que a mayor troponina, mayor daño, no hay relación demostrada entre el nivel más alto o bajo de troponina y el grado de daño miocárdico. Si la hubiera, tampoco tiene mayor importancia ni repercusión en el abordaje del problema. Al menos hasta ahora. Troponina es un producto metabólico y puede estar elevada en un evento agudo, tanto por el daño isquémico producido, como por la recuperación, es decir, el “lavado” que produce la reperfusión del tejido amenazado o dañado.
Retorno al tema de los scores o escalas. Creadas para asistir como herramientas de decisión, siempre en función del juicio clínico, su aplicación simplifica bastante las cosas. No son perfectas, pueden tener errores derivados del peso que tiene cada variable, pero están validadas. Sistemas de salud enteros, nacionales, aplican muchas de ellas en sus estándares de atención (British NHS).
Aunque con fallos, esas escalas en muchos casos permiten una atención estandarizada, y menos errores diagnósticos y terapéuticos individuales, que dejar todo solo al juicio clínico.
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